miércoles, 26 de enero de 2011

la tiranía cotidiana

Soy esclava de mi coche.  Esclava del aviso de carburante bajo.  Esclava de la presión de los neumáticos.  Esclava de la revisión a los 20.000.  Esclava del seguro anual... y ahora también esclava de la corrosión de la pintura.  Tengo plaza de parking de la empresa: uauhhhh! y disfruto de una nueva ubicación desde el 1 de enero.  Si, ahora aparco justo debajo del WC de los pájaritos.  Así cada tarde, a las 19:00, muerta de frio y deseando llegar a casa, me encuentro el coche mugriento, repleto de cacas de pájaro y pienso :"pero, cómo me voy a montar en eso????", pero claro, a la fuerza ahorcan, y tiro para casa envuelta en desecho ecológico, sin un ápice de glamour.  Pero la cosa empeora cuando mi conyuge me ve llegar.  ¿Has visto cómo llevas el coche? A mí me daría pena ir en una cosa así todos los días.  ¿No tienes dos minutos para llevarlo al tunel de lavado?  Me muerdo la lengua (muy fuerte, tanto que casi sangro) y respondo, mientras me pongo un delantal y beso a mi hija en la frente, :"mañana, mañana, lo lavo".

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